Una moneda social/local podría afectar a nuestra entidad

Buenas tardes,

En esta aportación presento un análisis inicial DAFO sobre la posible influencia de una nueva moneda social local en MESCoop Aragón / Mercado Social Aragón. Se trata de una cooperativa de servicios vinculada a la economía social y solidaria que trabaja para fortalecer redes de intercooperación, visibilizar iniciativas transformadoras y fomentar un consumo más ético y responsable. Precisamente por ese carácter comunitario y territorial, me parece un caso muy adecuado para pensar qué podría aportar una moneda social local y qué límites tendría en la práctica. La propia actividad plantea analizar fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas de este tipo de iniciativas en entidades de la ESS. 

Desde el enfoque de las monedas complementarias, una idea importante es que estas no buscan sustituir la moneda oficial, sino complementarla y responder a algunos de sus límites, sobre todo cuando se trata de reforzar la economía local, la reciprocidad y la cohesión comunitaria (Atxukarro, 2014). Además, varios autores señalan que este tipo de monedas pueden ayudar a construir capital social, dinamizar economías locales, fomentar el compromiso cívico y fortalecer comunidades más resilientes (Collom, 2008; Graugaard, 2012; Gregory, 2009; Seyfang y Smith, 2002). 

Fortalezas

Creo que una de las principales fortalezas de MESCoop Aragón es que ya existe una red previa de confianza y cooperación. Esto es importante porque una moneda social no funciona solo como una herramienta técnica, sino como una práctica social que necesita participación, reciprocidad y cierta identificación con el proyecto colectivo. En este sentido, las monedas complementarias suelen tener mejores condiciones cuando se apoyan en comunidades activas y en relaciones previas entre las personas y entidades participantes (Cahn, 2000; Collom, 2008; Seyfang y Smith, 2002). Para una red como Mercado Social Aragón, esta base comunitaria ya existe en parte, y eso facilitaría su posible implantación. 

Otra fortaleza es que la lógica de una moneda social encaja bastante bien con la identidad de MESCoop Aragón. Según Blanc (2011), las monedas sociales se orientan sobre todo a proteger y fortalecer una comunidad, y su principio director es la reciprocidad. Esto conecta claramente con una entidad que trabaja desde la intercooperación y la economía solidaria. Además, Atxukarro (2014) explica que estas monedas suelen operar a escala local o regional y ayudan a implicar más a productores, compradoras y consumidoras en el desarrollo del territorio. Por tanto, en el caso de MESCoop, una moneda social podría reforzar una dinámica que ya forma parte de su razón de ser: mantener relaciones económicas más próximas, éticas y arraigadas al territorio. 

También veo como fortaleza que una moneda social podría servir para reconocer trabajos y aportaciones que el mercado convencional suele invisibilizar. Algunos autores destacan que estas herramientas permiten valorar mejor el intercambio de habilidades, el trabajo informal, el voluntariado o tareas que no siempre reciben reconocimiento económico en la economía de mercado (Gómez, 2008; Hopkins, 2008; Ryan-Collins et al., 2008). En una red de ESS, donde muchas veces lo relacional y lo comunitario importan tanto como lo puramente mercantil, esto puede ser especialmente relevante. 

Debilidades

Dicho esto, también hay debilidades claras. La primera es que poner en marcha una moneda social exige mucha implicación real, no solo simpatía con la idea. Aunque MESCoop Aragón tenga una base cooperativa fuerte, eso no significa automáticamente que todas las entidades y personas estén dispuestas a incorporar nuevos hábitos de intercambio, nuevas reglas o nuevas formas de pago. En el documento se señala que muchos estancamientos o retrocesos de estos sistemas tienen que ver con la capacidad adaptativa de sus usuarias y con su predisposición al cambio (Corrons, 2015). Eso hace pensar que una de las debilidades podría ser precisamente la dificultad de sostener el uso cotidiano de la moneda más allá del entusiasmo inicial. 

Otra debilidad posible es la necesidad de una buena organización interna. Una moneda social requiere reglas claras, confianza, seguimiento y una masa mínima de intercambios para que tenga sentido. Si no hay suficiente circulación, puede quedarse en algo simbólico. Además, aunque este tipo de sistemas pueden facilitar intercambios sin depender tanto del dinero convencional, eso no elimina por sí solo las limitaciones materiales o económicas de las organizaciones participantes (Coraggio, 2003; Lietaer, 2005; Primavera, 2001). En el caso de MESCoop Aragón, esto podría traducirse en dificultades para que todas las entidades encuentren usos reales, continuados y equilibrados dentro del sistema. 

Oportunidades

Las oportunidades, en cambio, son bastante interesantes. Una de las más claras es la posibilidad de fortalecer la economía local. Diversos autores sostienen que las monedas complementarias pueden aumentar la liquidez dentro de una zona, evitar que la riqueza salga rápidamente del territorio y generar un efecto multiplicador sobre la economía local (Danson, 1999; Pacione, 1997; Seyfang, 2001a; Seyfang y Longhurst, 2012). También Hopkins (2008) y Douthwaite (1996) señalan que estas herramientas pueden ayudar a construir circuitos locales de valor y a relocalizar procesos económicos. Para MESCoop Aragón, esto podría significar reforzar las relaciones económicas entre las entidades del propio mercado social y dar más consistencia al consumo responsable dentro de la red. 

Otra oportunidad importante tiene que ver con el impacto comunitario y social. Ryan-Collins et al. (2008) plantean que las monedas complementarias pueden contribuir al bienestar social porque favorecen el reconocimiento, el sentido de pertenencia y la autoestima. Cahn (2000) y Collom (2008) también destacan su potencial para generar confianza, solidaridad y vínculos de comunidad. Además, Seyfang y Smith (2002) señalan que estas iniciativas pueden resultar especialmente útiles para incluir a grupos excluidos o reforzar relaciones en comunidades fragmentadas. En una entidad como MESCoop Aragón, esto abre la posibilidad de que la moneda social no sea solo una herramienta económica, sino también una forma de reforzar la cohesión de la red y su dimensión transformadora. 

También me parece relevante que las monedas sociales pueden ser útiles en contextos de escasez o crisis. Algunos autores señalan que ayudan a movilizar recursos humanos y materiales que están infrautilizados y que pueden servir como apoyo cuando el dinero convencional no circula suficientemente (Coraggio, 2003; Kant, 2005; Lietaer, 2005; Primavera, 2001). Eso encaja con la idea de resiliencia que aparece asociada a estas experiencias, especialmente cuando una comunidad busca respuestas propias ante la fragilidad del sistema económico dominante (Graugaard, 2012; Gregory, 2009). Para MESCoop Aragón, esta sería una oportunidad importante: reforzar su autonomía relativa y su capacidad de sostener intercambios dentro de la red incluso en contextos difíciles. 

Amenazas

En cuanto a las amenazas, una de las más claras es que la moneda social no consiga suficiente participación y termine siendo usada solo por una parte muy reducida de la red. Si eso ocurre, el sistema puede perder utilidad práctica y quedarse en una propuesta con valor simbólico, pero con poco recorrido real. El propio documento advierte de que estos sistemas dependen mucho de que las personas los vean como una mejora y no como una complicación más en su vida cotidiana (Corrons, 2015). Por eso, una amenaza real en MESCoop Aragón sería que la moneda social generase más esfuerzo organizativo que beneficios percibidos. 

Otra amenaza es el contexto más amplio en el que se movería la iniciativa. Aunque la ESS tenga sus propios valores, sigue operando dentro de una economía donde predominan la moneda oficial, los hábitos de consumo convencionales y unas lógicas poco orientadas a la reciprocidad. Esto puede limitar la expansión de la moneda social, generar dudas sobre su utilidad o hacer que solo participe la gente ya muy concienciada. Además, si no hay una buena gobernanza o una pedagogía clara sobre para qué sirve y cómo funciona, pueden aparecer malentendidos, desequilibrios o desmotivación. En otras palabras, el riesgo no es solo técnico, sino también cultural y organizativo (Blanc, 2011; Place y Bindewald, 2013). 

Bibliografía

Atxukarro, A. (2014). ¿Qué son las monedas complementarias? Observatorio de la Sostenibilidad, Fundación Cristina Enea. 

Blanc, J. (2011). Classifying CCs: Community, complementary and local currencies types and generations. International Journal of Community Currency Research, 15(D), 4-10. 

Cahn, E. (2000). No more throwaway people: The co-production imperative. Essential Books. 

Collom, E. (2008). Engagement of the Elderly in Time Banking: The potential for social capital generation in an aging society. Journal of Aging and Social Policy, 20(4). 

Corrons Giménez, A. F. (2015). Monedas complementarias en pro de la sostenibilidad y el desarrollo: enfoque panárquico [Trabajo de investigación, Universitat Jaume I – Universitat de València]. 

Hopkins, R. (2008). The Transition Handbook: Creating local sustainable communities beyond oil dependency. Finch Publishing. 

Briceño, T., y Stagl, S. (2006). The role of social processes for sustainable consumption. Journal of Cleaner Production. 

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