DAFO DEFINITIVO
Buenas tardes,
En esta nueva aportación presento el análisis DAFO, esta vez definitivo, sobre la posible influencia de una moneda social local en MESCoop Aragón / Mercado Social Aragón, incorporando también algunas ideas surgidas a partir del intercambio con los compañeros.
MESCoop Aragón como bien he dicho en anteriores entradas es una cooperativa de servicios vinculada a la economía social y solidaria que trabaja para fortalecer redes de intercooperación, visibilizar iniciativas transformadoras y fomentar un consumo responsable. Precisamente por ese carácter comunitario, territorial y cooperativo, me parece una entidad muy adecuada para pensar qué podría aportar una moneda social local y también cuáles serían sus límites reales.
Las monedas sociales no buscan sustituir la moneda oficial, sino complementarla y responder a algunos de sus límites, especialmente cuando se trata de reforzar la economía local, la reciprocidad y la cohesión comunitaria (Atxukarro, 2014). Además, diferentes autores destacan que este tipo de herramientas pueden ayudar a construir capital social, reforzar la confianza entre actores del territorio y dinamizar economías locales desde lógicas más cooperativas (Collom, 2008; Seyfang y Smith, 2002).
A partir del análisis inicial y del feedback recibido por dos de mis compañeros, creo que la idea principal se mantiene: una moneda social podría encajar bien en MESCoop Aragón, pero solo tendría sentido si consigue ser útil, sencilla y realmente integrada en la vida de la red. No bastaría con que fuese una propuesta atractiva sobre el papel; tendría que servir para activar intercambios reales, reforzar la intercooperación y evitar que se pierda valor dentro del propio mercado social.
Fortalezas
La principal fortaleza de MESCoop Aragón sigue siendo la existencia de una red previa de confianza y cooperación. Esto es clave, porque una moneda social no funciona solo por su diseño técnico, sino porque hay una comunidad que la sostiene, la usa y le da sentido. En este caso, MESCoop no parte de cero: ya existe una base de entidades y personas vinculadas a la ESS que comparten ciertos valores y una cultura de colaboración. Como señalaba uno de los compañeros, el dinero, y más aún una moneda social, funciona en gran parte como un acuerdo social basado en la confianza y la participación.
Otra fortaleza importante es que la lógica de una moneda social encaja bastante bien con la identidad de la entidad. MESCoop Aragón ya trabaja desde la intercooperación, el arraigo territorial y el refuerzo de circuitos económicos alternativos. Por eso, una moneda social no sería algo externo a su misión, sino una herramienta que podría profundizar en dinámicas que ya forman parte de su razón de ser. Blanc (2011) señala que este tipo de monedas se orientan a proteger y fortalecer una comunidad, y ese enfoque conecta claramente con un mercado social que quiere fortalecer relaciones económicas más justas, próximas y solidarias.
Además, me parece especialmente relevante una idea que apareció en los comentarios: una moneda social podría ayudar a movilizar recursos que a veces quedan parados o infrautilizados. En redes cooperativas y comunitarias puede haber materiales, saberes, horas de trabajo, apoyos o capacidades que no siempre encuentran encaje en euros. En ese sentido, la moneda social podría actuar como un mecanismo para poner en circulación ese valor que ya existe pero que muchas veces no se activa dentro del mercado convencional.
Debilidades
La principal debilidad que sigo viendo es que poner en marcha una moneda social exige mucha implicación real y bastante constancia. Una cosa es que la idea guste y otra muy distinta que las entidades y personas la incorporen de verdad a sus prácticas cotidianas. Uno de los comentarios señalaba algo muy cierto: al principio muchas iniciativas generan entusiasmo, pero luego mantenerlas en el tiempo es más difícil. Creo que en este caso ese riesgo es muy real. Corrons (2015) también insiste en que estos sistemas dependen mucho de la capacidad adaptativa de sus usuarias y de su predisposición al cambio.
Otra debilidad importante es la necesidad de una buena organización interna. Una moneda social requiere reglas claras, seguimiento, coordinación y una masa mínima de intercambios para que tenga sentido. Si no circula lo suficiente, puede quedarse en algo más simbólico que práctico. Además, MESCoop Aragón agrupa realidades distintas, y no todas las entidades tendrían las mismas necesidades, recursos o capacidades para implicarse del mismo modo. Esto podría dificultar que la moneda se use de forma equilibrada y continuada dentro de la red.
También hay que tener en cuenta que, aunque la moneda social pueda complementar el dinero convencional, no elimina por sí sola las limitaciones materiales y económicas de las organizaciones. Puede abrir posibilidades, sí, pero no sustituye necesidades básicas de liquidez ni resuelve automáticamente problemas estructurales.
Oportunidades
La oportunidad más clara es que una moneda social local podría reforzar la economía interna del propio mercado social. Si parte del valor generado por las entidades recircula dentro de la red, se evitaría en mayor medida su fuga hacia circuitos económicos convencionales. Esta fue una de las ideas más interesantes aportadas por los compañeros: el posible efecto multiplicador de la moneda social. Es decir, no solo facilitar un intercambio puntual, sino conseguir que ese valor siga moviéndose dentro de MESCoop Aragón y fortalezca la intercooperación entre entidades.
También veo como una oportunidad importante la posibilidad de dar salida a recursos infrautilizados. Tal como se comentaba en el debate, en las cooperativas a veces hay horas, conocimientos, materiales o capacidades que en euros no se movilizan fácilmente. Una moneda social podría funcionar como un “desatascador” de ese valor, permitiendo que circule dentro del barrio o de la red y reforzando así el tejido comunitario.
Otra oportunidad tiene que ver con el impacto social y comunitario. Las monedas complementarias no solo sirven para comprar o intercambiar, sino también para reforzar reconocimiento, pertenencia, reciprocidad y cohesión social (Cahn, 2000; Ryan-Collins et al., 2008). En el caso de MESCoop Aragón, esto podría traducirse en una red más conectada, más visible y más capaz de sostener relaciones económicas transformadoras desde el territorio.
Además, una moneda social podría reforzar la autonomía relativa de la red en contextos de incertidumbre o crisis, ayudando a sostener ciertos intercambios incluso cuando el dinero convencional circula peor. En una entidad de ESS, esta dimensión de resiliencia me parece especialmente valiosa.
Amenazas
La amenaza principal sigue siendo que la moneda social no alcance un uso real y se quede en una propuesta atractiva, pero con poco recorrido práctico. Si las entidades la perciben como una complicación añadida, o si no le encuentran una utilidad clara en su día a día, el sistema puede acabar generando más esfuerzo que beneficios. Esta idea encaja con lo que plantea Corrons (2015), cuando señala que este tipo de iniciativas dependen mucho de la predisposición al cambio y de la capacidad adaptativa de las personas usuarias.
Otra amenaza es que la iniciativa no consiga suficiente masa crítica. Si solo participa una parte pequeña de la red, la moneda puede perder dinamismo y acabar acumulándose sin generar un circuito vivo de intercambio. En ese caso, el valor simbólico seguiría ahí, pero su impacto económico y comunitario sería limitado. Esto también se relaciona con lo que señalan Blanc (2011) y Seyfang y Smith (2002), en el sentido de que estas monedas solo tienen recorrido cuando logran sostener una comunidad activa de uso, reciprocidad y circulación.
A esto se suma otro riesgo importante: si la moneda se apoya en una infraestructura digital, habría que cuidar mucho cómo se diseña. Si la herramienta tecnológica no es sencilla, transparente y coherente con los valores de la ESS, podría generar rechazo o reproducir dependencias poco compatibles con la soberanía económica de la red. En ese sentido, me parece interesante la idea de que, si se desarrolla una infraestructura digital, esta debería basarse en principios próximos al cooperativismo de plataforma, con transparencia, control democrático y una gestión no extractiva de los datos, algo que conecta con los planteamientos de Fuster, Espelt y Renau (2021).
Por último, también existe una amenaza más amplia de tipo cultural y contextual: MESCoop Aragón sigue operando dentro de una economía donde domina la moneda oficial y donde muchas prácticas cotidianas están alejadas de la reciprocidad o del consumo responsable. Eso significa que una moneda social no solo tendría que funcionar técnicamente, sino también convencer, generar hábito y sostenerse frente a inercias muy fuertes del entorno. En este punto, Atxukarro (2014) y Corrons (2015) recuerdan que las monedas complementarias no funcionan de manera automática, sino que requieren un cambio de lógica económica y una implicación comunitaria real.
Conclusión final
Creo que una moneda social local sí podría aportar valor a MESCoop Aragón, sobre todo porque encaja con su identidad cooperativa, con su lógica de intercooperación y con su vocación de fortalecer circuitos económicos alternativos en el territorio. Sus mayores fortalezas están en la red previa de confianza, en los valores compartidos y en la posibilidad de activar recursos que muchas veces quedan infrautilizados. Sus mejores oportunidades estarían en reforzar la recirculación del valor dentro del mercado social, aumentar el efecto multiplicador local y consolidar la cohesión comunitaria de la red.
Ahora bien, también me parece importante no idealizar la propuesta. Su éxito dependería de que la moneda sea útil, fácil de entender, bien organizada y realmente incorporada a la práctica cotidiana de las entidades. Si no consigue masa crítica, si se percibe como una carga o si no resuelve necesidades concretas, podría quedarse en una idea interesante, pero poco transformadora.
Por eso, mi conclusión final es que la moneda social tendría sentido en MESCoop Aragón no como símbolo aislado, sino como herramienta práctica de soberanía económica, intercooperación y fortalecimiento comunitario.
Bibliografía
Atxukarro, A. (2014). ¿Qué son las monedas complementarias? Observatorio de la Sostenibilidad, Fundación Cristina Enea.
Blanc, J. (2011). Classifying CCs: Community, complementary and local currencies types and generations. International Journal of Community Currency Research, 15(D), 4-10.
Briceño, T., y Stagl, S. (2006). The role of social processes for sustainable consumption. Journal of Cleaner Production.
Cahn, E. (2000). No more throwaway people: The co-production imperative. Essential Books.
Collom, E. (2008). Engagement of the elderly in time banking: The potential for social capital generation in an aging society. Journal of Aging and Social Policy, 20(4).
Corrons Giménez, A. F. (2015). Monedas complementarias en pro de la sostenibilidad y el desarrollo: enfoque panárquico [Trabajo de investigación, Universitat Jaume I – Universitat de València].
Hopkins, R. (2008). The Transition Handbook: Creating local sustainable communities beyond oil dependency. Finch Publishing.
Uso de IA
Para la elaboración de esta versión final he utilizado inteligencia artificial como apoyo para mejorar la redacción. El enfoque, la revisión crítica y la adaptación al caso de MESCoop Aragón han sido realizados personalmente.


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